Bueno, aquí estamos de nuevo, por tercera vez en este mes, y por trigésimo séptima vez en este blog inleible.
Y bajo el influjo de la melodía del tema musical que muestro en "un poco de música", procederé a hablar de una experiencia que si bien ya he tenido la suerte de tener en otros cursos de esta carrera. Esta mañana, en el Hospital Carlos de Haya, he ido a una práctica de Cirugía Cardiovascular, en cuyo quirófano he podido ver como puede resultar obvio una operación a corazón abierto: varón, cincuenta y pocos años, con una inflamación del endocardio (endocarditis) que no es más que la capa interna que tapiza las cámaras cardíacas y está conformada por células similares a las que componen los vasos sanguíneos y por tejido conectivo. A este paciente había que cambiarle la válvula cardíaca, en concreto la válvula aórtica, cuyo endocardio estaba afectado, así que se la sustituyeron por una artificial, de carbón pirolítico, un material de carbono (grafito) especialmente tratado siendo bombardeado con haces de átomos de carbono a muy alta temperatura que lo vuelve casi tan duro como el diamante y adquiriendo además otras características muy especiales (ver vídeo).
Era una operación realmente curiosa, puesto que, para aquellos que no lo sepan y como resulta lógico, primero hay que parar el corazón, y para ello utilizan una solución, cardioplejía, como un cóctel de iones y otras sustancias capaz de parar y proteger de la falta de oxígeno a dicho órgano vital. ¿Y qué se hace con la sangre? Pues resulta que se usa una técnica llamada Circulación Extracorpórea, donde unos tubos o cánulas de gran grosor conectadas a la aorta y al ventriculo derecho bypassean al corazón, la sangre de dirige a la máquina corazón-pulmón (como su propio nombre indica, suple las funciones de ambos órganos). De esta forma el corazón está parado, los cirujanos pueden trabajar sobre él, añadiendo el hecho de que la circulación en el resto del organismo se mantiene. A todo esto añadir que el paciente está en todo momento anticoagulado.
Resulta curioso que, antes una operación a priori tan complicada, los resultados sean tan buenos; cuando estaba allí, pensé que sería una operación más, sin que revistiese mayor interés que otras... nada más lejos... no me malinterpretéis, pero el hecho de ver un corazón parado que vuelve a latir... es un hecho que hay que presenciar para entenderlo; no basta con verlo en vídeos de internet, hay que vivirlo, y aunque sólo fuese de espectador... ha resultado sobrecogedor. Cuando vi la imagen de la ecocardiografía que se movía... me asomé... y lo vi latiendo, con recuperadas fuerzas, con nueva vitalidad... espectacular podría ser la palabra que lo definiese y puede que, por qué no decirlo también, algo mágico. Te hace pensar la perfección con la que funcionamos, y al mismo tiempo, esa perfección nos permite tener una gran resistencia... y vida... se puede decir que pude ver la misma vida latir, una visión reservada a unos pocos y de la que doy gracias por tener privilegio de poder presenciarla. Es algo que todos nosotros tenemos dentro, gracias a él podemos funcionar, la mejor máquina creada junto con el cerebro... y a pesar de que normalmente no somos consciente de él, está ahí, incansable, luchando hasta el fin de nuestros días.
¡Un saludo a todos!
Idea que parte bajo la inspiración de un amigo, y poniendo en práctica una nueva afición que no había descubierto hasta ahora, nace ENDOYO... que con un "Bueno, aquí estamos de nuevo" introduce las diferentes entradas en un intento de poner a vuestra disposición información, curiosidades, opiniones y un largo etcétera sobre diversos temas, principalmente sobre CIENCIA y MEDICINA; y haciéndolo lo mejor que pueda, espero que os guste mi humilde blog donde plasmaré cosas que vayan pasando por ahí (siempre que pueda).

Simplemente me das envidia. Yo quiero ver una, a ver si en el segundo cuatrimestre me toca!!! xD
ResponderEliminarRikku