Pero en fin, no vengo a hablar de eso. Vengo a hablar de algo que me ha ocurrido en innumerables prácticas a lo largo de mi corta experiencia en la medicina como estudiante... y ves cosas que realmente llegan a impactarte.
Cada vez soy más consciente de que hace falta estar hecho de una pasta especial que poca gente tiene, que pocas personas explotan, que muy pocos hombre y mujeres sienten, sólo aquellos llamados vocacionalmente a ser médicos.
Haciendo memoria, puedo acordarme de una serie de episodios que, aunque sean lo más frecuente en un hospital... y los médicos veteranos, a fuerza de sufrirlos, ya se hayan acostumbrado a ello, con nervios de acero... a nosotros, o por lo menos a mí me han taladrado el alma en ese momento, tanto para bien como para mal.
Hablando desde la experiencia, y desde lo que pude sentir en ese momento, lo que pude ver y oír...esta misma tarde, estaba yo en unas prácticas de ginecología. El médico que estaba conmigo, bastante buen profesor al contrario que otros, despachaba con gran veteranía los pacientes mientras me explicaba los avatares de los tratamientos, patologías más frecuentes en su consulta... A las 5 de la tarde llega una mujer, acompañada de la que creo que era su hermana... y refería ser portadora de un útero de unos 20 cm de tamaño debido a la presencia de gran cantidad de unos tumores llamados miomas, y que era incompatible con una vida normal a causa de los dolores que le provocaba. La mujer se somete a una exploración por parte del médico y recibe la peor noticia... habría de extraerle la matriz, eso salvaría su vida, pero la invalidaría para poder tener hijos en el futuro... En ese momento, la mujer, joven, rompió a llorar, comenzando por sollozos. El sueño que ella había tenido, de fundar una familia, de tener sus propios hijos... roto por completo. Durante la conversación con su acompañante, la cual portaba a su hijo, pude apreciar como ésta le daba ánimo como podía, intentaba que se repusiera, diciéndole que su vida valía más, que debía sobrevivir, vivir su vida al fin y al cabo; además el pequeño, viendo a su tía sufrir de esa forma, extendió su diminuta mano para acariciar suavemente el brazo a su tía... seguramente de forma inconsciente, pero os aseguro que parecía que lo hacía a propósito, como un sexto sentido que le permitía saber lo que estaba pasando.
En ese preciso momento, pensé en lo prepotentes que resultamos en ocasiones... es como si adquiriese todo una inyección de humildad en ese momento, y las cosas que diariamente nos preocupan... me parecieron minucias en comparación con lo que aquella pobre mujer debía de estar pasando... no, no debemos quejarnos tanto, no debemos lamentarnos por tener mucho que estudiar, o por tener que llevar el coche al taller... deberíamos darnos cuenta de que son muchas más cosas por la que nos podemos llamar afortunados; y aunque es un mensaje prácticamente universal, que lo repiten hasta la saciedad, no es hasta que lo ves en persona cuando realmente puedes llegar a interiorizarlo, más aún incluso cuando alguien lo vive en su propia piel, y eso espero que no nos pase nunca.
También me di cuenta de que, es ya sabido por otra parte, al final te acabas acostumbrando, y te vuelve duro frente a eso, lo cual es necesario, por mucho impulso de ir e intentar consolar al paciente; y eso el médico de allí lo demostró con creces.
Aunque, para terminar con algo bueno, diré que no todo son malos momento... en muchas ocasiones en mis volteos obligatorios por diferentes consultas durante las prácticas, fui testigo de una gran felicidad por parte de los pacientes... por ejemplo, recuerdo el momento en que vi un parto natural por primera vez... y será algo que no creo que se me olvide en bastante tiempo... es más, hace ya un año de aquello, y aún recuerdo el nombre del chiquito (Ivan), su peso (2400g) y tu talla (50cm). En ese momento, aunque me da algo de vergüenza reconocerlo, me emocioné bastante; sobre todo cuando vi a Ivan llorar por primera vez, la primera de muchas más que le quedaban por delante, su primer minuto de vida del que fui testigo, su cordón umbilical aún latiendo, cómo movía sus diminutos brazos y piernas... y la cara de la madre, impregnada de una gran felicidad. Salí de aquella práctica con una sonrisa en la cara, y un recuerdo que atesoraré mientras pueda...
Un saludo a todos!


Joeee, me has emocionado y todo!!!! =)
ResponderEliminarYo vi como le daban a un hombre la noticia de que tenía cancer y no sólo queda ahí la historia, pero es demasiado larga y desgarradora como para contarla por aquí.
No se si es una pasta de la que estamos hechos o de la que nos hacemos. Pero es algo muy, muy necesario para nosotros y nuestra profesión.
Rikku