Aún queda un largo camino por delante, aunque mucho ha pasado ya. En recta final de una etapa, casi al comienzo de otra... dentro de la cual nos hemos adentrado ya algunos metros.
Y ahora... me retraigo a todo lo que he pasado... también por el hospital y de todo lo que me ha impactado, todo lo que me ha llegado a lo más hondo, de todo lo que me golpeado violentamente...
Situándonos: Neonatología en el Hospital Materno malagueño...
Aunque ya he mencionado experiencias previas en otras prácticas, ésta, más que otras, si ha sido enriquecedora. Y desde luego, ha valido la pena.
Pudiendo explicar lo que allí vi, que muchos, muchísimos, no dudarían en clasificarlo como impresionante; introduciendo un poderoso recuerdo, sólo disponible para los que allí trabajan, y sólo disponible para los esperanzados padres que visitan a sus hijos prematuros.
Parece increíble, cuando los ves por primera vez, como criaturas tan pequeñas y frágiles puede sobrevivir y crecer.
Cada una de sus células, desde el mismo momento de su concepción sabía perfectamente lo que tenían que hacer. Cuál era su misión. Cada uno de sus genes se puso en marcha, toda la maquinaria enzimática, autónoma... desde la unión de las dos personas que más querrá en el mundo.
Allí, uno toma conciencia de este hecho, más aún si cabe, de lo que imposiblemente es este mundo podríamos. Veo en ese lugar, en esos nidos... niños que han nacido antes de tiempo, presurosos de vivir, en este mundo que ahora mismo se antoja tan poco apetecible.
Una niña, Noe (nombre inventado), me llama la atención, pues es la chiquilla que veíamos con la doctora. Nunca había visto antes a un prematuro... es algo que no se olvida tan fácilmente. Si trasciendes más allá de la propia práctica clínica, si trasciendes más allá de la presencia de una chiquilla de unos pocos centímetros, de piel casi transparente... tan extremadamente frágil... y a la vez tan extremadamente fuerte; puedes ver lo que allí sucede realmente. Una serie de personas luchando por que esas criaturas puedan seguir adelante, creciendo, desarrollándose.... ya que por si solas les resultaría casi imposible.
Conforme iban pasando los días, poco a poco, y de forma casi imperceptible, Noe seguía adelante. Progresivamente, con el devenir de las horas y los días, fue superando su prematuridad... su cuerpo sabía perfectamente lo que hacer, pues estaba escrito en sus genes, cada una de sus células se multiplicaba a una velocidad pasmosa... creando los tejidos, creando a Noe.
Finalmente tras dos semanas aproximadamente, y recordando como estaba en un principio cuando la vi por primera vez, me di cuenta de lo increíble de su crecimiento... cuando te das cuenta de ello, y te das cuenta de que alguna vez tu eras igual... es algo en lo que vale la pena ponerse a pensar en alguna ocasión, y darse cuenta de lo milagroso que es una vida, capaz de crear a partir de algo tan extremadamente pequeño como es un óvulo... una ser humano completo.
Cada vez más me doy cuenta, como creo que es normal, de lo acertado que estuve escogiendo esta profesión... y aunque haya momentos de gran turbidez en nuestra carrera, de gran tensión y estrés, de situaciones en las que te preguntas ¿Por qué estoy aquí?... cosas como estas hacen recordar el porqué estamos donde estamos, tenemos gran suerte de poder presenciarlas, apreciarlas, vivirlas y participar de ellas. Con gran orgullo diremos "Soy Médico, y hoy hemos salvado una vida".
Un saludo!!
Idea que parte bajo la inspiración de un amigo, y poniendo en práctica una nueva afición que no había descubierto hasta ahora, nace ENDOYO... que con un "Bueno, aquí estamos de nuevo" introduce las diferentes entradas en un intento de poner a vuestra disposición información, curiosidades, opiniones y un largo etcétera sobre diversos temas, principalmente sobre CIENCIA y MEDICINA; y haciéndolo lo mejor que pueda, espero que os guste mi humilde blog donde plasmaré cosas que vayan pasando por ahí (siempre que pueda).
No hay comentarios:
Publicar un comentario